La historia de un soldado del CMT oriundo de Valdivia, que trabajó en la Carretera Austral desde Caleta Gonzálo a Sta Bárbara Chaitén.

Sin dudas la construcción de la Carretera Austral, en los periodos comprendidos entre los años 1976 – y 1990, marcaron a varias generaciones de soldados chilenos que mientras realizaban el servicio militar obligatorio, prestaron servicio al CMT, siendo todos jóvenes militares dejó una huella imborrable la experiencia que significó para muchos el esos años el servicio militar. Son muchas las historias y anécdotas que rondan en torno a esta magna obra del Estado de Chile, que buscaba entregar soberanía y acceso terrestre a un vasto territorio aislado por densos bosques, escarpadas montañas, ríos y lagos, entre la Región de Aysén y la provincia de Palena.

Esta es la historia contada por Mario Troncoso Gutiérrez, soldado que perteneció al Regimiento Cazadores de Valdivia, y que estuvo 6 meses en aquel cuartel, y otros 6 meses en el sector de la comuna de Chaitén trabajando en la construcción de la Carretera Austral.

”Durante el año 1983, y con mucho orgullo estando en el servicio militar participé en la construcción de la Carretera Austral, tramos comprendidos desde el sector de Caleta Gonzálo y Santa Bárbara Chaitén, provincia de Palena.

Nuestro trabajo consistía en cortar los árboles comúnmente con un hacha ya que teníamos motosierras pero siempre estaban en mal estado, luego había que trozar los árboles y colocarlos atravesados tipo empalizado para que luego las máquinas echaran ripio sobre dichos troncos, ya que entre los árboles siempre había fango. Producto de la humedad entre los árboles nativos que había que cortar , nos teníamos que cuidar de las sanguijuelas, por lo cual teníamos que hacerlo con botas de goma y ropa de agua, colocándonos ligas sobre las botas para que las sanguijuelas no nos chuparan sangre. En nuestro trabajo conocimos lagos donde nunca había estado un ser humano.

En ocasiones, para almorzar los instructores mandaban a un par de soldados a pescar, los que solo con un anzuelo y un trozo de lana roja en un par de minutos pecaban varios peces.- Igualmente cuando estábamos cerca del mar un par de soldados salían a pescar al mar los que en un par de minutos  regresaban con carretillas llenas de pescados.

En cuanto a nuestra labor en Caleta Gonzálo al norte de Chaitén, conocimos al hoy difunto Douglas Tomkins, quien nos cooperaba en provisiones, ya que en esa época  él ya tenía una avioneta con la que diariamente volaba hasta al pueblito de Chaitén a comprar el diario y pan. Como dato curiosos, cuando el diario llegaba a nuestras manos, las noticias traían un atraso de al menos un día.

En esos años en Chaitén no había energía eléctrica, los militares eran los encargados mediante generadores a petróleo daban la luz solo por un par de horas al día, tampoco se podía ver los canales de TV, por lo que los militares mediante Cassettes VHS, transmitían las noticias del país en diferido, siempre con varios días de atraso desde la emisión original.

Nos toco salir en expediciones por varios días con topógrafos con la finalidad de estudiar por qué lugar se debía trazar la huella para la futura carretera austral, la cual en sus inicios consistía solo en un áspero y eterno camino de ripio, instantes en que teníamos que abrir una huella para pasar uno de tras de otro. El lugar era igual que una selva impenetrable, ya que entre los árboles había gran cantidad de helechos,enormes árboles, pantanos y arbustos propios de la húmeda zona costera, teníamos que hacerlo siempre con un rozón para cortar o un machete, como siempre nuestro fusil y mochila siempre lista para acampar en cualquier lugar.

En esos remotos lugares para alimentarnos además existían los chanchos jabalíes, que por lo cierto, eran muy difíciles de cazar, ya que comúnmente solo escuchábamos sus gritos en el monte y encontrábamos sus huellas y excrementos como rastro de su fugaz estadía. Además nos alimentábamos de la carne de vacuno, que por esos años  le llama ”baguales”, eran animales vacunos salvajes que vivían agazapados entre el monte, animales que por supuesto eran del señor Tomkins. Tenía tantos animales a su haber que, en ocasiones repetidas se les escapaban y  seguían reproduciéndose sin control alguno, vivían en forma salvaje, y para cazarlos era necesario utilizar nuestro fusil Máuser calibre 44. Una de las razones por las que portábamos nuestros fusil, y herramientas de trabajo, era porque se creía que en estos lugares podríamos tener algún encuentro con guerrillas argentinas o chilenas, puesto que corría el año 1978, año del conflicto entre Chile y Argentina por las Islas del Sur, Picton, Lennox y Nueva.

En mi fotografía se pueden ver troncos de arboles nativos milenarios (Alerce), cortados con hacha y motosierra, eran derribados para poder hacer una huella, por donde pasaría la futura Carretera Austral.

En ocasiones no quedaba tan lejos del campamento el punto de faena donde teníamos que trabajar, el horario era desde las 08:00 am, y  llegábamos al campamento para almorzar a eso de las 13:00 horas, con solo una hora para comer. Al finalizar la jornada volvíamos al campamento base cerca de la noche, siempre con novedades de algún soldado accidentado, producto del agreste terreno por donde debíamos trabajar o circular mientras ganábamos terrenos dentro del bosque. A eso hay que agregarle que no habían puentes ni nada de eso, todo lo improvisamos tirando árboles para poder pasar sin caer a un canal rocoso, pantanos y ríos.

Lo desesperante de trabajar en la zona, no eran las condiciones de trabajo, ni las largas jornadas, sino que, si un soldado producto del cansancio se sentaba a descansar se lo ”comían” las sanguijuelas, y de inmediato le daba sueño y principio de hipotermia, por lo que cuanto antes había que improvisar una camilla y trasladarlo al campamento por un camino rústico cubierto de troncos como se ve en mi foto.

Los instructores nos contaban que antes que trabajara en el lugar el CMT en este tramo de la Carretera, ésta  fue iniciada por presos, y que todos los días alguno fallecía producto de peleas entre ellos mismo, que lo hacían sin estar engrillados, ya que producto de la espesa vegetación reinante no podían escapar fácilmente, y a pesar de estar cerca del mar tampoco podían escapar, ya que no habían botes, ni nada parecido. Yo solo estuve 6 meses, pero el hecho de estar aislado, sin contacto con la familia, los malos tratos que recibíamos los soldados fue como haber estado un par de años. Los que mas sufrían era los que tenían algunos vicios como fumar, lugares donde era imposible comprar una cajetilla de cigarros, claro que igual se las arreglaban haciendo cigarrillos artesanales con bolsas de te seco, e incluso con guano seco de caballos fabricaban rústicos cigarrillos.

Cuando nos designaron para trabajar en la Carretera Austral, nos trasladaron desde nuestro regimiento (Valdivia) hasta Puerto Montt, en ese lugar nos embarcamos en el transbordador La Pincoya, haciéndolo en pleno invierno, a ”capela” sobre su cubierta, solo tapados con una frazada, quedamos frío y todos quedamos mojados. Llegando de madrugada a Chaiten, donde solo veíamos algunas luces en la noche de invierno, en ese momento los instructores nos dijeron que no nos preocupáramos que en Chaitén nos estarían esperando unos muy cómodos buses con asientos declinables. Una vez que desembarcamos, estaba lloviendo torrencial mente, y sobre la marcha recién nos percatamos que los supuestos buses eran unos inmensos camiones tolvas, de tan altos que eran, debíamos  lanzar nuestros bolsos y escalar el camión por una de sus ruedas, camiones que por supuesto estaban todos embarrados.

Estando en faena, a algunos lugares llegaban los víveres ( alimentos) cada 15 días aprox, a las 03:00 horas de la madrugada, nos levantaban para que concurriéramos a buscarlos a varios kilómetros de distancia del campamento, de noche, saltando palos, troncos, quebradas, con sacos de papas, harina, y otras básicas provisiones. 

El único día libre que teníamos era el domingo, pero en dicho ”día de descanso” nos daban un trato que consista en cada soldado debía trasladar tres tablones de madera verde recién aserrada de una por 10 pulgadas , y de 3 metros de largo, varios kilómetros hacia adelante por donde sería la huella futuro camino. Los que eramos mas fuertes, lo hacíamos en un solo viaje, pero igual demorábamos medio día, en cambio los que eran de poca estatura y poca contextura tenían que hacer tres viajes, trasladando a la vez  solo una tablón, ya que al estar verdes eran muy pesadas, al final ellos ocupaban todo el día domingo en esa función, los que si nos desocupábamos temprano podíamos descansar y lavar nuestra ropa de campaña”, relata a TVDpatagonia el joven conscripto.

Sin dudas, es una gran emoción recordar lo que vivimos como soldados,  fue muy sacrificado, y al recordarlo en la actualidad en octubre del 2018, recién uno se percata que contribuyó con un granito de arena para que se construyera esa importante carretera. En el año 1983, y mientras estábamos laborando en la carretera igualmente recuerdo cuando se nos presentó el problema con Argentina, donde por varios días dormíamos ensillados (con uniforme), osea con con toda la ropa puesta, inclusive con los bototos, puesto que iríamos a la guerra solo provistos de nuestro fusil Máuser antiguo. Para nosotros fueron años que siempre quedarán en nuestras memorias, faltarían hojas para contar los detalles de cómo era el día a día mientras trabajamos como fieles soldados del Ejército de Chile, en la construcción de lo que hoy se conoce en el mundo como Carretera Austral”.

Edición: Prensa 2 TVDpatagonia.cl

 

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